Oct 4

MUCHO SENTIMIENTO Y POCO TOREO

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Tarde de emociones en la despedida del Cid, “torero de Madrid”, tal y como rezaba la pancarta desplegada en el 7 a cargo de la Asociación “El Toro”. No son muchos los toreros que tienen ese honor, pero la plaza del Cid es Las Ventas por méritos propios. ¿Cómo vamos a olvidar sus míticas faenas? Desde “Guitarrero” de Hernández Plá a “Verbenero” de Victoriano del Río, pasando por los “victorinos”, los de Alcurrucén o aquel toro del Pilar. Casi todas esas grandes faenas las pinchó y es por eso que no es el torero en activo con más Puertas Grandes en esta plaza. Por todo esto, la ovación tras el paseíllo fue unánime. La empezó (¡cómo no!) el 7, ese tendido al que tantos palos se le dan desde la prensa. Luego le dio otra ya toda la plaza. ¡Hasta dos ovaciones tuvo que saludar “El Cid” antes de que empezase la corrida. Ese ambiente de agradecimiento mutuo fue el que marcó la tarde, porque, lo cierto, es que hubo muy poco toreo que disfrutar. Ningún lote tuvo opciones y la corrida se hizo pesada, a pesar de la más que interesante terna.

 

Abrió plaza Manuel Jesús Cid en su última tarde en la capital. Pudo sacar una serie de naturales poderosos, recordando al mejor Cid, pero todo fue un espejismo, y es que, lo peor que ha hecho “El Cid” es irse a destiempo. Tarde y mal: tarde porque debía haberlo dejado hace un lustro y mal porque su despedida definitiva tendría que haber sido en “su plaza”, es decir, hoy, en lugar de ir a Zaragoza a un cartel muy flojo y acabar en América.

 

Con el cuarto tampoco tuvo mejor suerte. Brindó de nuevo al público, que se puso en pie y le respetó en todo momento a pesar de estar fuera de sitio, a sabiendas de que era una tarde especial. Mató de una estocada de rápido efecto (¡ay si hubiese matado así otros toros!) y se le recompensó con una cerrada ovación. Incluso se le obligó a dar la vuelta al ruedo.

 

Emilio De Justo dejó los muletazos más puros de la corrida, dando la femoral en un intento de justificarse sin toros. El primero de su lote salió lesionado de las manos y, quizá, de una pata. Un inválido que ni se tenía en pie. Algo extraño sucedió. Salió un sobrero de Manuel Blázquez, ganadería poco vista de procedencia Nuñez del Cuvillo. No le sirvió a Emilio, pero pudo dejar el mejor muletazo de la tarde en un soberbio pase de pecho marca de la casa, rematándolo en la hombrera contraria. Los naturales finales a pies juntos tuvieros torería. Estuvo mal con la espada.

 

El quinto, “Pijotero” de nombre, no se pareció en nada a su hermano que toreó Perera en San Isidro y con el que abrió la Puerta Grande de forma muy polémica. Ni siquiera en su pelaje. Tan solo en que ninguno tuvo un buen pitón izquierdo. Pero aquel fue pronto y bravo y este un manso que salía suelto después de cada lance. Trató de justificarse el de Torrejoncillo, pero debió haber abreviado.

 

Ginés Marín pasó totalmente desapercibido, porque ni tuvo toros, ni puso demasiado de su parte. De la faena del tercero es difícil recordar algo. Un toro muy parado y pases muy “fueracacho”.

 

Del sexto hay que destacar su torero recibo de capa, con chicuelinas y una larga de remate muy templada. Ahí se acabó todo, porque Ginés lo citó de lejos pero despidiendo la embestida hacia fuera. El toro se dolía de la pata derecha y eso le impedía repetir. Fue un imposible y, de nuevo, se habría agradecido mayor brevedad.

 

Paza de toros de Las Ventas (más de tres cuartos en tarde soleada y agradable): toros de Fuente Ymbro, correctos de presentación y de nulo juego. – El Cid (que se despedía de Madrid, de lila y oro): silencio y vuelta al ruedo. – Emilio de Justo (de tabaco y oro, muy cargado): palmas en ambos. – Ginés Marín (de violeta y oro): silencio en su lote. *Al final del festejo se le dio una vuelta al ruedo al Cid en hombros como muestra de cariño por su trayectoria.

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